Críticas

M.A.García Viñolas (1977)

Soler-Miret ha conservado limpia de contagios efectivistas la naturaleza mediterránea de su pintura. El "Seny" de su tierra catalana ya es una forma de dibujo, de mirar las cosas con un sentido de sosegada claridad. Por el camino de la perfección formal -el idioma portugués llama imperfecto a lo inacabado-, Soler-Miret va fijando con sutiles agujas de entomólogo y no con "toques" impresionistas, una realidad que se nos ofrece limpia de convulsiones vitales. Es una obra de perfecta composición formal, de bien estar en el espácio, que mucho tiene que ver con la arquitectura. Su diáfano dibujo de ayer es hoy diáfana pintura que se afianza en la sobriedad en esa elegante manera de otorgarle a cada cuerpo su espacio. El suyo es un realismo decantado de impurezas, que permance ajeno a cualquier alteración del color o de la luz que pueda perturbar la serenidad de sus espacios. Y es esa serenidad lo que singulariza la obra de Soler-Miret y la sitúa en una primera lìnea del hiperrealismo español.

  • PUEBLO
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  • 05-Oct-1977
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